Sí. Estaba yo sentada con mujeres de entre 32 y 36. De hecho llevo sentada con ellas en un salón de estimulación oportuna por más de un año y nunca se había tocado el tema de la edad tan puntualmente. Cada quien tuvo su turno. Yo tengo 32 dijo la primera, la segunda 35, la tercera 36, la cuarta 35 y la quinta 33. La sexta era yo, era mi momento... ¡GULP! *traga saliva*. Tomando aire dije, pues yo este año cumplo 40. Acto seguido se escuchó un amable: "cero se te notan". (¡ay, ajá!)
En fin, me di cuenta que decir tu edad cuando estás en un grupo de pura contemporánea, no es ningún acto heroico. Valiente, es el hecho de estar entre pura treintona y decirles, quítense que ahí les voy. Lo bueno fue que seguidito del trago amargo, un buen amigo se acercó para aligerar la carga… ¡Hello whisky!
Después del exabrupto flui sin tomar en cuenta las edades y alegremente la escapadita resultó exitosa. Y es que en honor a la verdad, la diferencia de edad hoy por hoy no se nota pues existen actividades y situaciones comunes que hacen que se acorten las distancias. Por supuesto que a los dieciocho no tienes amigas de once, pero a los treinta y nueve un
Lo que yo concluí después de escuchar que no se me notaban los “casi40”, es que SI se notan pero NO se sienten. No los sientes tú, no los sienten tus amigos, ni tu pareja, ni tus padres. Claro que lo interesante sería preguntárselo a tu hijo.
Una vez acompañé a mi mamá al doctor. Cuando respondió –cuarenta y dos años, doctor- a la irreverente pregunta de ¿qué edad tiene?, ¡sentí que me infartaba! Pero imagínense lo que sintió mi mamá al ver mi cara y escucharme gritar con ojos desorbitados delante del doctor -¿CUARENTA Y DOS…?-
Bueno, pues el tiempo pasa y ahora que acaricio las cuatro décadas me imagino gritando ese mítico número con cara de sorpresa y ojos desorbitados. Luego pienso que parece que fue ayer que estaba en mis dulces dieciséis y entonces me pregunto si el problema de los 5, de los 10, de los 15, de los 21,… es que todos “parece que fueron ayer”. Puede ser.
Pero vayámonos con calma, el día de la cena debí decir “yo tengo 39” y no andar de bocafloja. A mi me faltan ocho largos meses para seguir disfrutando de mis últimos días como treintona, y tengo que hacerlo como requisito indispensable para bienvenir los segundos tas… y los que vengan.
El miércoles pasado, Juan Pablo y yo veíamos Backyardigans, mi caricatura favorita. Después de la maravillosa entrada de los personajes animados bailando mejor que en “So You Think You Can Dance”, escuchamos el nombre del capítulo: ¡Salva el día! Me hubiera encantado quedarme a ver el capítulo completo, pero por obvias razones no pude. Lo bueno fue que mi cabeza grabó durante todo el día ese bonito título ¡Salva el día! Lo primero que vino a mi mente fue el mejor quote de una de mis películas favoritas. Carpe Diem de La Sociedad de los Poetas Muertos, ¿se acuerdan? solo que la frase procedente de la caricatura, por alguna extraña razón hoy a mis treinta y nueve me hizo tanto o más sentido que cuando vi por primera vez la peli del muy querido Robin Williams. Oh Capitain, my Capitain!
Pues bien, eso hay que hacer. Salvar el día. Salvar estos 8 meses treinteando como se debe, y de paso preparando el terreno para cuando Juanpi se entere de que por poco, en lugar de mamá iba a tener abuela.
Sí, se trata del Carpe Diem. “Cosecha el día”. Aprovecha el tiempo y no lo malgastes; no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Pero a mi ritmo, prefiero salvar el día y no dejar que se me vaya vivo uno solo. Aunque procrastine. Puedo dejar para mañana lo que por desidia no hice hoy, no importa. Lo que me importa es lograr distinguir un día de otro.
Lola, ¡Salva el día! Que no se muera sin hacerle saber que su tiempo de vida valió la pena. Ayúdate a distinguir el ayer del antier y del anteantier. No dejes que toda tu vida parezca que fue ayer. Otórgale tiempo al tiempo. Clasifícalo, valóralo, recuérdalo. Aprende a vivir en el presente dándole el justo valor al pasado que ya no es, pero que fue perfecto. Y así cada día y cada año transcurrido dejarán de parecer que fueron ayer y entonces comprenderás que tu edad (la que sea que vivas) ha transcurrido puntualmente. A tiempo… En tiempo.
Maravilloso texto Lola!!!! Salvemos el día y celebremos la vida día con día. En realidad la edad es una mera medición técnica, es como si contaráramos nuestros pasos en ve de disfrutar el camino. Un beso!!
ResponderEliminarsupremo!
ResponderEliminarY casi llego a los 40, pero antes a salvar el día¡. Increible
ResponderEliminarQuerida Loli, esta súper! coincido al cien contigo ... voy a ser tu fiel seguidora. Un abrazo!
ResponderEliminar¡Moni! Qué placer leerte caray! te mando un abrazo enorme.. ¡veámonos pronto!
EliminarGracias a todas por leerme. Las quiero.
ResponderEliminarExcelso!!!
ResponderEliminarLove it!!