Turns to 40's

Turns to 40's

sábado, 24 de enero de 2015

¡Yo todavía soy treintona!

Ser mamá de un niño de un año cinco meses, me llevó a una anhelada ladies night con mamás de niños de la misma edad. Lo curioso es que la edad estándar de los críos no estandariza la edad de las mamás… en términos llanos, era yo la más ruquita de la mesa.

Sí. Estaba yo sentada con mujeres de entre 32 y 36. De hecho llevo sentada con ellas en un salón de estimulación oportuna por más de un año y nunca se había tocado el tema de la edad tan puntualmente. Cada quien tuvo su turno. Yo tengo 32 dijo la primera, la segunda 35, la tercera 36, la cuarta 35 y la quinta 33. La sexta era yo, era mi momento... ¡GULP! *traga saliva*. Tomando aire dije, pues yo este año cumplo 40. Acto seguido se escuchó un amable: "cero se te notan". (¡ay, ajá!)

En fin, me di cuenta que decir tu edad cuando estás en un grupo de pura contemporánea, no es ningún acto heroico. Valiente, es el hecho de estar entre pura treintona y decirles, quítense que ahí les voy. Lo bueno fue que seguidito del trago amargo, un buen amigo se acercó para aligerar la carga… ¡Hello whisky!

Después del exabrupto flui sin tomar en cuenta las edades y alegremente la escapadita resultó exitosa. Y es que en honor a la verdad, la diferencia de edad hoy por hoy no se nota pues existen actividades y situaciones comunes que hacen que se acorten las distancias. Por supuesto que a los dieciocho no tienes amigas de once, pero a los treinta y nueve un whiskito cafecito con las de treinta y dos es bienvenido.

Lo que yo concluí después de escuchar que no se me notaban los “casi40”, es que SI se notan pero NO se sienten. No los sientes tú, no los sienten tus amigos, ni tu pareja, ni tus padres. Claro que lo interesante sería preguntárselo a tu hijo.

Una vez acompañé a mi mamá al doctor. Cuando respondió –cuarenta y dos años, doctor- a la irreverente pregunta de ¿qué edad tiene?, ¡sentí que me infartaba! Pero imagínense lo que sintió mi mamá al ver mi cara y escucharme gritar con ojos desorbitados delante del doctor -¿CUARENTA Y DOS…?-

Bueno, pues el tiempo pasa y ahora que acaricio las cuatro décadas me imagino gritando ese mítico número con cara de sorpresa y ojos desorbitados. Luego pienso que parece que fue ayer que estaba en mis dulces dieciséis y entonces me pregunto si el problema de los 5, de los 10, de los 15, de los 21,… es que todos “parece que fueron ayer”. Puede ser.

Pero vayámonos con calma, el día de la cena debí decir “yo tengo 39” y no andar de bocafloja. A mi me faltan ocho largos meses para seguir disfrutando de mis últimos días como treintona, y tengo que hacerlo como requisito indispensable para bienvenir los segundos tas… y los que vengan.

El miércoles pasado, Juan Pablo y yo veíamos Backyardigans, mi caricatura favorita. Después de la maravillosa entrada de los personajes animados bailando mejor que en “So You Think You Can Dance”, escuchamos el nombre del capítulo: ¡Salva el día! Me hubiera encantado quedarme a ver el capítulo completo, pero por obvias razones no pude. Lo bueno fue que mi cabeza grabó durante todo el día ese bonito título ¡Salva el día! Lo primero que vino a mi mente fue el mejor quote de una de mis películas favoritas. Carpe Diem de La Sociedad de los Poetas Muertos, ¿se acuerdan? solo que la frase procedente de la caricatura, por alguna extraña razón hoy a mis treinta y nueve me hizo tanto o más sentido que cuando vi por primera vez la peli del muy querido Robin Williams. Oh Capitain, my Capitain!

Pues bien, eso hay que hacer. Salvar el día. Salvar estos 8 meses treinteando como se debe, y de paso preparando el terreno para cuando Juanpi se entere de que por poco, en lugar de mamá iba a tener abuela.

Sí, se trata del Carpe Diem. “Cosecha el día”. Aprovecha el tiempo y no lo malgastes; no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Pero a mi ritmo, prefiero salvar el día y no dejar que se me vaya vivo uno solo. Aunque procrastine. Puedo dejar para mañana lo que por desidia no hice hoy, no importa. Lo que me importa es lograr distinguir un día de otro.

Lola, ¡Salva el día! Que no se muera sin hacerle saber que su tiempo de vida valió la pena. Ayúdate a distinguir el ayer del antier y del anteantier. No dejes que toda tu vida parezca que fue ayer. Otórgale tiempo al tiempo. Clasifícalo, valóralo, recuérdalo. Aprende a vivir en el presente dándole el justo valor al pasado que ya no es, pero que fue perfecto. Y así cada día y cada año transcurrido dejarán de parecer que fueron ayer y entonces comprenderás que tu edad (la que sea que vivas) ha transcurrido puntualmente. A tiempo… En tiempo.

lunes, 12 de enero de 2015

Turning 40.... ENERO

Ayer 10 de enero de 2015, fui a los quince años de la sobrina de una de mis comadres de vida... Cuando mi esposo me preguntó que si conocía a la quinceañera mi respuesta me sorprendió... "La conozco desde la panza". Esas mismas cavilaciones hice con mis comadres cuando llegué a la fiesta; y ya entradas en añoranzas y tristezas de vejez, una de ellas me dijo que el próximo miércoles cumple 38 y que se sentía rarísima, triste, impresionada, en shock. Para aligerarle la carga le dije que yo cumplo 40 en septiembre. Me peló los ojos y me preguntó ¿ya este año? Si, le dije... Las preguntas no se hicieron esperar... ¿cómo te sientes, qué pasa por tu mente, no te sientes terriblemente mal? Si, le dije... Siento que es el primer paso a la vejez, siento que no lo creo, siento que sigo teniendo 25, siento que no es lo mismo estar a punto de los 30 que a punto de los 40, siento que me duelen las rodillas, siento que si subo de peso no puedo respirar, siento que bajar de peso no solo es vanidad sino una maldita obligación y siento que definitivamente los 40 NO SON LOS NUEVOS 30s.... En palabras y pensamientos llanos, sin filosofar, siento que los 40 no dan motivo para celebrar... ¡PERO! (Si Dios me deja llegar) los 40 también tienen una característica peculiar: Son inevitables. Durante el trayecto a una reciente reunión decembrina, iba haciendo una reflexión sobre mi outfit, incluyendo el perfume cuya marca era Lancôme. Pensé que iba vestida perfectamente igual a mis tías (hasta el aroma). Entonces completé mis pensamientos con una exclamación "¡soy una tía! ¡Soy una mamá! Y honestamente, lejos de sentirme completamente rara, me sentí bien. La verdad es que eso de la edad sorprende y hasta cala, pero en mi caso solo es cuando lo pienso porque mi día a día no transcurre con la angustia de llegar al 4o piso; aunque sí es un tema recurrente porque obviamente muchas de mis amigas llegamos a la mítica edad esté año. Justamente hace unos días en uno de mis grupos de whatsapp con mis amigas de prepa, les decía que el grupo debía dedicarse a echar porras para andar el camino que nos llevará a los 40. Luego escribí, "hay que llegar a los 40 de una pieza" a lo que una de mis amigas contestó "¡yo ya llegué de una pieza y redonda!" Jajaja me mató de risa... Lo que ya no aclaré es que no me refería a llegar de una pieza o forma geométrica específica, me refería a unir en una pieza tres elementos: MENTE, CORAZÓN Y ESPÍRITU; es decir, ser coherentes con nuestros pensamientos, sentimientos y manera de ejecutarlos. Hay que llegar sintiéndose contentas de lo que somos e incluso de lo que no somos. Hay que llegar exigiéndonos dar lo que podemos dar y hacer lo que podemos hacer.... La cosa es no llegar sentadas. Hay que llegar grandiosas, espléndidas... Vaya, hay que llegar con nuestros cuarenta comiendo de nuestra mano. Dominándolos, amándolos, consintiéndolos, domésticandolos... La edad es un estado mental, pero los 40's son tan reales como los 20's. Suceden. Y exigen de uno lo mismo que un padre a un niño con las calificaciones. Los 40 te exigen lo mejor de ti y no es tarea fácil. Por eso se deben recibir con deleite, con fuerza. En términos taurinos, diría que hay que recibir los 40 en Porta Gayola (el torero espera al toro de rodillas enfrente de la puerta de toriles, antes de que el animal salga al ruedo, y cuando se produce la embestida, la burla mediante el pase de capa conocido como larga cambiada afarolada, en el cual el capote sujeto únicamente con una mano, se sitúa por encima del diestro, dirigiendo la parte del envés hacia el toro, el cual sale del encuentro por el lado contrario a la mano con la que el torero sujeta la capa) Esta suerte es espectacular, pero también peligrosa, pues el animal puede salir deslumbrado a la plaza y arrollar o cornear al torero sin obedecer al engaño... ¿Se entiende la comparación? Creo qué luego por eso vemos cuarentonas vestidas de quinceañeras y no queremos que sea el caso. En fin, que me decidí a reanudar mi blog ahora con este tema... Pues los cuarenta, al menos los míos, siento que tienen mucho que decir. Nos leemos pronto.