Y ahí voy… sábado seis de la mañana me levanto y me visto… seis quince y me doy cuenta que aún vestida puedo echarme otros quince minutos, así que me quité los tenis y de regreso a la camita.
Ni el reloj ni el frío te dan tregua, pasaron los quince minutos y a levantarse de nuevo, es hora de partir…
Y ahí voy, Bosque de Tlalpan, siete de la mañana. Estacioné el carro y me bajé al frio brutal.
Llegué al meeting point and no body was there…
De pronto vi a llegar a mi coach, luego el equipo fue creciendo. Mi meta de hoy, correr una hora… ¡¡uuuyy facilísimo!!
Casi renuncio a todo cuando me di cuenta que el training del día era cuesta arriba…
Las primeras dos vueltas de calentamiento empezaban bien (según yo) hasta que me tope con la “subidita” que aunque no dura mucho, te da como la sensación de que tu corazón se va a salir, empecé a salivar y sorpresa, mis pants se me empezaron a caer… cabe mencionar que en una mano llevaba mi bote de agua, en la otra mi toallita pa´l sudor y una chamarra atada a la cintura…
El reto no es el maratón, el reto es esta “pinche subidita”… así dije.
Después de las dos vueltas en la pista de arcilla de 886 metros venía lo bueno…. ¡TODOS PARA ARRIBA! a los primeros doscientos metros tuve que empezar a caminar… me sentí fatal.
¡Pos ni modo! Me la echo caminando y hasta donde tope (pensé) ahí iba yo toda sola batallando con los mocos, el frio, mi bote de agua, mi chamarra, mi pants y mi toallita amarilla.
Luego pensé, por fin entiendo lo que significa una meta a corto, mediano o largo plazo.
Me di cuenta que cualquiera que sea la meta, cuesta trabajo… no porque hoy cumpla una semana de gimnasio, significa que puedo empezar a correr a 8 k/hr y menos en subidita.
Todo toma tiempo. Para ese momento ya no sé ni donde iba… perdí al equipo y de pronto tenía otro… Toda la gente que bajaba mientras yo subía me saludaba… ¡no estoy sola! A todo dar…
Después un mapa que decía “usted está aquí”… ups! ¡¡Soy malísima para leer mapas!! Le voy a dar a la izquierda y hasta donde tope… luego una Y griega, y luego caminitos ocultos… me lleva el tren, ‘ora pa’ donde?… de pronto la luz, por fin una línea recta… ¡¡CORRELE!! (coyeye papoti, diría mi novio)
Y ahí voy! Dándole! tratando de recuperar el tiempo en el que en lugar de correr, caminé… iba yo feliz viendo ardillas negras… me acordé de mi Talacha, pero de pronto me di cuenta que iba al ritmo de un viejito… ah chinga! Yo puedo correr más rápido…. Y ahí voy! Dándole! Agarrándome los pants y hasta los calzones… de pronto una bajadita… a correr en zig zag… parecía loquita… no sé en qué momento me di cuenta que tenía que ir más lento porque corría el riesgo de caerme.
No sé qué pasó o en que iba pensando, pero de pronto vi que me faltaba un kilometro y pensé… ya no me falta nada… así pasó cuando milagrosamente volví a ver el circuito de arcilla, ahí donde empecé… estaba terminando!!
Llegué al meeting point nuevamente y no había nadie… pensé en que hacer y decidí correr una última vuelta al circuito de arcilla… y ahí voy! Dándole! Y de pronto vi, que la subidita esa que casi me saca las tripas en la primera vuelta, no me costó trabajo…. La pasé sin contratiempo (mas que el de los pants caídos) entonces me pregunté ¿será que he conquistado la “pinche subidita”? En esas estaba cuando me vi nuevamente en el meeting point y ahí estaba ya mi gente (al menos una parte).
Después de unos minutos estábamos todos de nuevo y compartíamos experiencias… (Aunque a nadie le conté que en algún momento de mi travesía seguro alguien me vio la rayita divisoria)
Luego algunos ejercicios que les llaman “drills” y por fin terminamos.
Me despedí de todos feliz y aún con el cansancio todavía me dieron ganas de ir a inscribirme a mi segunda gran meta (después de la pinche subidita)… la carrera nike de mujeres… 10K…
Me fui a desayunar a la casa de mis papás… me esperaban 4 sopecitos deliciosos… me los comí sin sentir que pecaba… luego me eché en el sillón… y pensé en las próximas metas a conquistar.
Concluí que todos los días, cada hora y cada minuto… son como el circuito de arcilla: vas recto, subes y bajas, pero cuando por fin te acostumbras al trayecto, viene un reto más fuerte… el camino es difícil, pero siempre vas a ver hermosas ardillas negras que te alegran el camino y que te recuerden a Talacha y en consecuencia a tu gente… entonces asumes que la vida se vive de manera individual, pero aprender a compartirla es maravilloso…
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